Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

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El baúl de sueños

Posted by Pedro Ferreira en abril 24, 2010

Bruma se ha aclimatado a vivir entre cables y entre libros. Hay poco más en esta hacienda. Se hace pues gato cibernético y lector, amante de amantes platónicas y admirador de poetas muertos y vivos. Tanto que a veces me sorprende. Cuando regreso del trabajo diario puedo encontrarlo en los lugares más peregrinos. Puede estar presidiendo como rey la torre del ordenador o enredando entre las páginas de Caminos de Luz y no me sorprendería en absoluto que uno de estos días me corrija mis pequeños escritos.

También gusta de jugar al escondite, especialmente cuando me oye llegar. Mientras giro la llave en la cerradura ya me empiezo a preguntar dónde se habrá escondido. Miro y no lo veo. Lo llamo pero no sale. Creo que le gusta hacerse de rogar, pidiendo atención o examinando la mía, muy lejos de aquel Futuro entregado que me seguía por doquier. Bruma es menos emotivo, más intelectual y en el fondo un poco filósofo y poeta.

Hay en mi casa, arrinconado en un closet, un pequeño baúl. Era una especie de colección de recuerdos. Contiene desde el mechón de cabello de una relación ocasional hasta la carta no enviada nunca a la primera novia tras el ocaso. También conserva algún poema de juventud y muchos versos no escritos. A veces metía ahí entes inmateriales. Lo abría, lo miraba y depositaba con todo amor y cuidado aquel lirio de los jardines de Murillo recortado en la tarde, tal grabado, antiguo como el Quijote y mis anhelos, o ese balcón en flor de la calle Feria en bullicio de Jueves, los dientes del lagarto que mi padre decía haber metido en una bolsa y colgado de mi cuello para que no dolieran los míos mientras nacían, o aquella mirada furtiva a la chica del pelo lacio de la clase de latín. Y mil otras quimeras con frecuencia nacidas de mi mente. Contiene tantos recuerdos que a veces hurgar en él consume el Tiempo. Quizás por ello ya hace mucho que no lo abro. Ni para hurgar ni para meter nada nuevo.

Hasta la semana pasada. Aturdido por algún golpe de infortunio y como fantasma que se arrastra por el piso deambulaba yo por el bosque de la nostalgia y por la bruma de los recuerdos. Fue un acto sin motivo, accidental. Como un tropiezo y en la caída se abriera y se desparramara por la memoria un arroyo infinito. Bruma estaba a mi lado en ese momento. Mirando, curioso, estudiando mis reacciones, como un psicoanalista cuando coge el bisturí para conciencias. A veces me inquieta como me mira. Parece querer meterse dentro de mí y habitar ahí dentro en un rincón mullido del alma. Algo que antes en mi vida sólo sentí con aquellos ojos ya ausentes.

Hoy, como de costumbre, Bruma no estaba a la vista cuando he llegado. Ni en el armario de la ropa ni bajo la cama. Tampoco bajo el sofá ni en el único rincón de la pequeña terraza donde algunas horas al día el sol de primavera se digna calentar el aire. Ni en el baño ni entre la montaña de libros que se apilan en la esquina del salón. Pareciera haber salido a buscar aventuras o haberse ido volando como alondra virtual allende los mares. Era raro, pues hasta el presente nunca ha pretendido salir de la casa que acoge nuestras horas.

Pero no, Bruma estaba en casa. O casi en casa. No recordaba ya el asunto del baúl de recuerdos de días antes. Entré en la habitación y me tiré en el lecho. Había sido una larga jornada de trabajo y el cansancio se alojaba en mis torcidas vértebras haciéndome sentir casi una columna de Bernini, espejo tantas veces del alma. Fue un suspiro impalpable o un temblor ligero. Un menudo roce o un tenue rumor. Pero venía de la cajita olvidada, que yacía allí en el suelo. La abrí con curiosidad y allí estaba Bruma y con él Futuro, Sinuhé y Antonio, Niebla y Luna, mascotas de otra época, con las que jugaba a romper la linealidad del tiempo. Desde hoy hay un nuevo rincón para Bruma y también para encontrarlo: el viejo baúl de los sueños.

Aguadulce, abril de 2010


Otras entregas de la serie: Bruma

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Sherezade

Posted by Pedro Ferreira en abril 21, 2010

“… luz de esperanza en el prosaico abismo…"
Gerardo Diego
Palabras salvadoras se enredaban
entre tus labios dulces  y los míos,
como hiedras mediando los silencios,
como el anciano puente reflejado
en la corriente amarga de los días.
Salvado fui, salvada de la hoguera,
salvados, redimidos por tu verbo.
¡Oh, la quietud brillante y redentora
que apaga la fatiga del vacío!
¡Oh, lasitud del alma arrebatada
en las noches de insomnio y soledad!

Los versos de tus sueños han vestido
sus malvas ya y segado aquellos tallos
que en la umbría del bosque me brotaban;
las olas insensibles e indolentes
pulen los cantos vivos de tu nombre
que yace mudo y silente en la orilla.
¿O se fue a otro mar, oh Sherezade,
a buscar otros cantos y otras noches?

Perdido y condenado el mío espera
que tu saliva vuelva y que lo endulce.

Retamar, mayo de 2007

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