Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

Espacio dedicado a difundir la actividad de la biblioteca y foro de discusión sobre la cultura en general.

Alfonso X, auctor

Posted by Pedro Ferreira en enero 27, 2012

Porque trovar, Prólogo, Cantigas de Santa María
Alfonso X, auctor

Glosar en unos cuantos párrafos de blog la figura y significación de Alfonso X, nuestro rey Sabio, no es sólo una osadía imperdonable sino una empresa imposible. Me limitaré pues a esbozar algunas ideas que no por ser conocidas hace mucho están suficientemente divulgadas.

La Cultura como objetivo político

Puede asombrar, visto de lejos, ver figurar un rey del Medioevo como autor en los manuales de Historia de la Literatura. Y esto por varios tópicos al uso: la incultura generalizada de estos siglos, según el cual la persona culta está recluída en los monasterios y pertenece al clero, sería uno de ellos; la oposición estamental guerrero-hombre de acción/clérigo-hombre de cultura, sería otro. Fue Alfonso un príncipe con ideas adelantadas a su tiempo pero al mismo tiempo enmarcadas en ideas asentadas durante toda la Edad Media. Alfonso ve su papel regio como representante temporal del poder divino, en la misma línea que lo vieron Carlomagno o el gran Federico más tarde. De ahí su política social, su política territorial y su ambición por la corona del Sacro Imperio. Es Alfonso un príncipe con un proyecto político global en el que se incluye, con la misma idea de universalidad, la cultura: en la figura del “imperator” se unifican, como cabeza superior y más cercana al poder divino, los otros tres estamentos. Esta no es pues una inclinación personal sino un objetivo de gobierno, como lo fue el dotar a la monarquía de un control sobre el resto de los nobles o la anexión de Navarra. La gran diferencia entre Alfonso y otros grandes príncipes “universalistas” estriba quizás en que el éxito de su política cultural se opone radicalmente a su fracaso en las otras áreas de gobierno. Hay que recordar que Alfonso muere sitiado por su propio hijo Sancho en la ciudad de Sevilla en medio de una cruenta guerra civil y sin haber logrado ninguno de sus otros grandes proyectos.

Erudición o humanismo

El apelativo con el que se conoce habitualmente al rey Alfonso X  induce asímismo a pensar en un príncipe de saber enciclopédico con amplio dominio en todas las artes y ciencias. Sin embargo, el espíritu del llamado “renacimiento” del siglo XII estaba en plena decadencia en Europa y fue muy relativo en la Península. ¿Es un antecedente del humanismo? ¿Se trata de un caso de erudición excepcional? Se enmarca el Rey Sabio en un contexto europeo donde se producen intercambios constantes entre las distintas cortes europeas, especialmente de poetas, trovadores y caballeros. Alfonso no es extraño a este ambiente cultural y participa él mismo, como otros grandes príncipes-trovadores, Guillermo de Aquitania, por ejemplo, activamente en ese movimiento. De ahí su obra lírica, Las Cantigas.
La novedad en Alfonso es concebir que toda actividad de la mente y todo conocimiento debe ser preservado como un bien superior y su difusión como un beneficio para los súbditos. Da Alfonso un paso más frente a otras cortes: reunir en torno a su cetro, no sólo a poetas y trovadores, sino también a quien tiene los conocimientos. En la Edad Media lo digno de ser preservado es lo digno de estar escrito. Hablamos del libro. Este se convierne en el instrumento fundamental de la actividad cultural de la corte en su doble función, tanto como fuente del saber como transmisor del mismo.
La labor fundamental de Alfonso X consiste, pues, en dar forma a su proyecto cultural aprovechando los cauces de su tiempo: el mecenazgo de la corte. No obstante, y eso es fundamental, este mecenazgo no es aislado e individual, como en el de los príncipes del Renacimiento, sino una decisión de Estado, institucional, una actividad más de gobierno dirigida por el propio rey. Además es un mecenazgo consciente, es decir con una clara selección de lo que interesa producir y preservar en interés del bien general. Se trata pues de un mecenas que sabe, con cultura, un príncipe intelectual formado en la cultura latina medieval, informado de la cultura árabe y, a juzgar por su legado, de un amplio espectro.

La “Escuela” de Toledo

El nombre con el que habitualmente se conoce la actividad literario cultural del rey Alfonso es pues una institución del Estado con todos los beneficios que se derivan de ello: dotación suficiente de medios y recursos, instalaciones, prestigio social, dirección en la planificación de objetivos… No obstante hay que pensar en el término en el sentido medieval, más cercano a los seminarios catedralicios que dieron lugar a las universidades.
Las dos primeras decisiones políticas fueron claves no sólo para la actividad del momento sino para el futuro tanto de la literatura como para el propio idioma: se trabajará en prosa, como se hacía ya en latín en los centros de cultura, continuando la corriente iniciada durante la época de su padre, Fernando III, y se vehiculará en la lengua vernácula vulgar, es decir en castellano. Los eruditos acogidos en esta corte literaria son expertos en lenguas de cultura (latín y árabe), así como las fuentes en las que beben, pero los productos elaborados en la misma estarán en castellano, de ahí el nombre de “Escuela de Traductores” con que se conoce la institución.
La importancia para el idioma se deduce de la misma actividad desarrollada: por vez primera los eruditos reunidos bajo el auspicio de Alfonso deberán tratar temas y cuestiones en castellano que anteriormente sólo se trataban en latín, con el impacto que ello presupone tanto en el enriquecimiento del léxico como en la fijación de giros sintácticos y la unificación bajo una norma común de las distintas variantes regionales. No en vano se trataba de una institución oficial y un instrumento del poder político.

La autoría o el equipo

La ingente actividad desarrollada en estos seminarios queda patente al comprobar la variedad de escritos y la multitud de obras firmadas por el príncipe sabio. Es controvertida la actividad directa de Alfonso en toda esta producción. El concepto de autor, tal como lo concebimos modernamente, como personalidad creadora consciente de su producto individual y celoso de él, no existía en la Edad Media. Baste recordar la cantidad de obras anónimas que circulan durante esos siglos y las dificultades filológicas para filiar algunas de ellas de innegable autoría individual. Por otro lado la mención de nombres en los textos no siempre indica autoría real: puede ser el copista, el recopilador…
“Aqui se comiença la Estoria de Espanna que fizo el muy noble rey don Alfonsso fijo del noble rey don Ffernando et de la reyna donna Beatriz”. Con esta frase da comienzo la conocida como Primera Crónica General de España, como la bautizó Menéndez Pidal, dando como autor de la misma a Alfonso X. Sin embargo cabe preguntarse sobre el sentido de “fazer” y sobre todo del sentido para un lector de la época. En los textos alfonsíes no históricos se mencionan algunos nombres de los traductores o “ayuntadores” (compiladores) mientras que en los textos de carácter histórico son escasas las menciones. Por otra parte las ilustraciones muestran al rey rodeado de sus colaboradores en posición preeminente lo que indicaría algún tipo de intervención.
Quizás el documento más directo sobre el concepto de autor de Alfonso X se encuentre en las propias palabras de la General Estoria: “El rey faze un libro, non por quel escriua con sus manos, mas porque compone las razones del, e las emienda, et yegua e enderesça, e muestra la manera de como se deuen fazer, e desi escriue las qui el manda, pero dezimos por esta razon que el rey faze el libro”. Este pasaje se enmarca además en la explicación de la escritura de la Ley por Moisés por mandato de Dios y continúa comparando el hecho de hacer un libro el rey a hacer un palacio o una obra. Se trataría pues de un uso metonímico: el rey manda hacer una obra, un palacio o un libro y “quien esto cumple, ha nombre que faze la obra”.
Por otro lado la heterogeneidad estilística de los textos alfonsíes y la antes citada nómina de traductores y recopiladores de algunos textos muestra que el trabajo desarrollado en los seminarios era una labor de equipo, de grupo, un resultado sintético, probablemente tras ponerse de acuerdo sobre el contenido y la fiabilidad de la fuente. Podría entenderse la obra final como una especie de acta del trabajo realizado por el seminario. Según el texto citado la función del rey sería la de coordinar el equipo y dirigir la actividad: señalar objetivos, unificar criterios, poner medios y recursos al alcance de los expertos y dar el visto bueno al producto final, incluida la redacción y el estilo. Benito Brancaforte lo asimila a un director de editorial moderno.

Una enciclopedia medieval

La única obra personal de Alfonso X es una colección de 420 poemas, escritos en gallego, conocida con el nombre de Las Cantigas. Este conjunto de cantos es de índole muy diversa aunque predomina el contenido religioso (Cantigas de Santa María). No faltan sin embargo el resto de géneros practicados por la escuela galaico-portuguesa: cantigas de amor, de maldecir, satíricas…
En cambio, la prosa desarrollada en la corte alfonsí y promovida por él se escribe enteramente en castellano, salvando los casos de doble traducción (la obra una vez vertida al castellano se retraducía al latín para hacerla circular en los medios cultos de la época). El plan diseñado por el “imperator litteratus” abarca contenidos eminentemente pragmáticos: normativa de la convivencia, desarrollo de la mente, ocupaciones prácticas y hechos históricos.
Las Partidas o Libro de las Leyes es un corpus jurídico que recoge simbólicamente en siete partes la regulación práctica de la actividad de los súbditos:
1. Las leyes en general y las canónicas en particular, incluidos los dogmas.
2. Las leyes civiles y el gobierno del reino.
3. La administración de justicia.
4. El matrimonio y los parentescos.
5. Relaciones comerciales.
6. Testamentos y herencias.
7. Los delitos y las penas.
El equipo alfonsí también trabajó en la composición de varios tratados científicos, con la restricción que este adjetivo tiene en el siglo XIII. Alfonso X puso especial atención en el estudio de los astros. Se rodeó de sabios árabes y judíos e hizo construir un observatorio en el castillo de San Servando de Toledo. De esta actividad surgen las Tablas Alfonsíes. Los Libros del Saber de Astronomía recopilan la teoría astronómica de Ptolomeo sobre los astros. En esta obra intervinieron eruditos árabes y judíos que también construyeron aparatos astronómicos con el fin de modernizar y poner al día los conocimientos de las fuentes árabes y hebreas. En el Libro de las Cruces se estudian las conjunciones de estrellas y sus efectos astrológicos. En el Lapidario se estudian las piedras preciosas y su relación con el Zodiaco. En el Setenario, además de ser un borrador para algunas partes de Las Partidas, se reflexiona sobre las artes y las partes del saber, es decir la ciencia en general.
También mandó Alfonso X componer Libros de ajedrez, dados y tablas, basados en tratados árabes y con la intención de que sirvieran de solaz y recreo útil de los súbditos y que supusieron la introducción de dichos juegos en Occidente.
No obstante, el mayor y más ambicioso proyecto de la escuela alfonsí fueron las dos obras históricas: la General Estoria y la Estoria de Espanna. El objetivo de Alfonso era narrar la historia de la humanidad desde su origen hasta su tiempo. Ambas obras tienen el mismo objetivo pero la primera como se deduce de su nombre incluye todos los pueblos mientras que la segunda se refiere a la historia peninsular. En ambas se parte de la historia bíblica, en lo que es la versión alfonsí del Antiguo Testamento. En la composición de estas obras se utilizaron, además de la Biblia, fuentes latinas, árabes y hebreas, así como crónicas precedentes (como la Historia Góthica del Toledano o el Chronicon Mundi del Tudense) pero lo más significativo para la Literatura en español es el uso de cantares de gesta como fuente casi copiados literalmente (Cantar de Zamora, Bernardo del Carpio, Infantes de Lara, Poema de Fernán González) lo que ha permitido estudiar la épica primitiva en castellano.
Se puede decir que Alfonso produce una obra que va de lo más general, los astros y el cielo, a lo más particular, los hechos históricos de su tiempo, en un afán sintetizador y con un espíritu enciclopédico, similar al que inspiró en el pasado las Etimologías a Isidoro de Sevilla o en el futuro L’Enciclopédie de Diderot y Voltaire.

¿Y entonces?

La significación de Alfonso X trasciende la de cualquier autor individual por importante que esta sea. El hecho de que su obra fundamental sea recapituladora y poco original no deja de ser un rasgo de época. El propósito fundamental es la utilitas: servir al hombre de su tiempo en un triple campo, la convivencia, su historia y su desarrollo intelectual y afectivo. Con ello logró otro propósito no programado: dotar al castellano de una prosa adecuada al contenido, con lo que ello supone de renovación en el léxico y la gramática.
Alfonso X tuvo la visión de la que han carecido la mayoría de gobernantes que en el mundo son y han sido. Supo ver que el futuro está condicionado por el saber, por el conocimiento, por el arte y por la cultura, fue capaz de darse cuenta de que para avanzar es necesario aunar esfuerzos, sumar puntos de vista, juzgar con amplitud de miras y valorar la contribución de otras culturas y fue capaz como nadie de coordinar este ingente esfuerzo cultural dotando medios y recursos suficientes para que la empresa tuviera éxito.

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