Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

Espacio dedicado a difundir la actividad de la biblioteca y foro de discusión sobre la cultura en general.

El peso de un error

Posted by lecturaalange en abril 4, 2011

– ¡No tiene ciencia seguir con esto! – Me dijo. Sus palabras calaron en lo más profundo de mi cabeza.

Llevábamos años juntos, aún recuerdo cuando la conocí, era San Juan, en la playa, ella estaba en bikini, una hermosa figura, una melena dorada y unos ojos marrones que me cautivaron.

-¿Por qué haces esto? – Pregunté.

Estaba sentado en una de las sillas que había en la habitación, ella estaba enfrente, vestía un traje negro, el sudor se le hacía presente en su rostro, el calor se hacía cada vez más insoportable. Ella me miraba fijamente. Su mirada se clavaba en mis ojos, no se movía, no le temblaba el puso, estaba segura de lo que hacía y lo que iba a hacer acto seguido.

No podía creer que todos aquellos años juntos fueran a acabar así, y todo por aquel fallo de mi parte. Jamás imaginé que aquella noche de marcha fuera a  terminar de ese modo.

– Por favor, Marisa, piensa lo que vas hacer.  – Le supliqué.

– Eso deberías haberlo pensado tú, ca…Pensar las cosas antes de liarte con mi amiga, hijo de….- gritó. Nunca la había visto así.

Conocí a su amiga aquella noche cuando salí solo de marcha, Marisa estaba de viaje con sus padres. Allí estaba Clara, sentada en uno de los taburetes de la discoteca, sola, vestido rojo, ojos azules, pelo castaño rizado. Me acerqué a ella, bebimos unas copas, y sin darnos cuenta acabamos en la cama de mi habitación. El remordimiento de Clara no aguantó y acabó contándole todo a Marisa.

Y así terminé en aquella habitación, atado a una silla y apuntado con una pistola por una Marisa desquiciada. Estaba dispuesta a disparar en ese mismo instante. Me salvó una llamada de teléfono que la interrumpió. Escuchó atentamente, no dijo nada, solo colgó el aparato, dejó el arma sobre la mesa y unas lágrimas comenzaron a caer sobre sus pálidas mejillas. Se acercó a mi, me desató y se fue, sin decir nada, ni tan solo un lo siento o un perdóname.

Han pasado varios años desde aquello, no la he vuelto a ver desde aquel día. Hace poco me enteré que fue Clara quién realizó aquella llamada, que sé a ciencia cierta, me salvó la vida.

Aquí os dejo mi nuevo relato.

Nicolás Megías

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