Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

Espacio dedicado a difundir la actividad de la biblioteca y foro de discusión sobre la cultura en general.

Jane Austen

Posted by Biblioteca Alange en octubre 29, 2010

 

     

         Seguramente Jane Austen es la primera novelista que no intenta escribir como un hombre, y de ahí el impacto de su literatura, que sigue viva doscientos años después. Su más célebre novela, Orgullo y prejuicio, escrita por Austen a los veintidós años, aunque algo rudimentaria revela ya a una escritora muy inteligente y capaz de construir con gran destreza una intriga desde un solitario rincón, ubicado en una rectoría rural inglesa.  El primer cruce de frases del galán de Orgullo y prejuicio, Fitzwilliam Darcy, con la indiscutible heroína de la obra, Elizabeth Bennet, ya da una idea de la firmeza con que va a conducir a ambos personajes:

   “- ¿No cree usted, señor Darcy, que me expresé muy bien hace un momento, al insistir al coronel Forster para que diese un baile en Meryton?

   – Con gran energía; pero ese es un tema que siempre llena de energía a las mujeres”.

   No estamos ante una escritota aficionada a los excesos sentimentales, tratados en sus deliciosas novelas como prueba de una ordinariez detestable. Quizá porque creció en una época – finales del siglo XVIII- aficionada a la sátira, quizás porque le molestaban sus frecuentes despropósitos, lo cierto es que sus obras proyectan un universo femenino ejemplarmente ajustado al sentido común, al ideal de una vida doméstica identificada con la civilización: honestidad, humor, buen gusto, refinamineto y racionalidad. Sus heroínas (Elizabeth Bennet, Fanny Price, Anne Elliot…) nunca pierden los nervios y repiten, con variaciones, el llamado “modelo Austen”, esto es, el nacimineto de un ser brillante, autónomo y equilibrado en una familia que no lo es.

  En su casa de Stevenson se destinó una modesta sala de estar para que Jane y su querida hermana Cassandra pudieran recibir a sus amigas. La sala, con estanterías llenas de libros, una alfombra de color marrón y un pianoforte, debía resultar acogedora. Allí colocaría Jane el escritorio portátil de caoba que le regaló su padre y compartiría las labores de costura a las que ambas hermanas eran muy aficionadas. Sabemos que a los diecisiete años la novelista en ciernes acudía a los bailes locales y gustaba del coqueteo. Pero pronto se dio cuenta de sus escasas posibilidades: ” No me parece que esté muy solicitada – escribe su hermana- tienen tendencia a no pedirle un baile hasta que les resulta inevitable”.

   Austen permaneció soltera , como su hermana, pero encontró un lugar escribiendo. Con sus novelas entretuvo primero a su familia granjeándose su aprobación, y después halló en ellas no solo la manera de liberarse de las circunstancias, sino de reflexionar limpiamente sobre la importancia del matrimonio en el destino femenino y cómo éste debería ser para no conducir al engaño o a la frustración. cuando sus padres le comunicaron que la familia se trasladaba a Bath, Jane cayó en un mutismo absoluto: ¿ por qué cambiaban la casa familiar por unas habitaciones alquiladas en una ciudad que era puro escaparate? Fueron los años más tristes para la escritora, convertida en una solterona a los veinticinco años y sin más compañía intelectual que la de su hermana Cassandra. Dejó de escribir. En Bath se mantenía ocupada haciendo largas caminatas – en una ocasión se describió como una “caminante desesperada”-. El caso es que todas sus heroínas son andariegas y saben liberar mediante el ejercicio las tensiones de su vida.

   Por fin, su adinerado hermano Edward ofreció la posibilidad de instalar a las tres mujeres (el padre había muerto ya) en Chawton, muy cerca de Stevenson. Allí Jane encontró un verdadero hogar y escribió sus últimas novelas, antes de morir a los cuarenta y dos años, presumiblemente de un cáncer de mama. El 18 de julio de 1817. nunca una mujer aislada y solitaria trató con tanta profundidad la vida cotidiana. ¿Qué escribiría hoy Austen? Tal vez cuestionaría algunas de nuestras actitudes: para ella la mejor danza de la vida la bailan el lenguaje y la inteligencia, aunque vivió con el íntimo deseo de encontrar con quien compartirlos. No pudo ser.

Fuente: “El bolso de Ana Karenina” de Anna Caballé

  

 

    Esta novela será nuestra próximo libro en el Club de Lectura.

           

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