Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

Espacio dedicado a difundir la actividad de la biblioteca y foro de discusión sobre la cultura en general.

Archive for 30 abril 2010

Con humor

Posted by Biblioteca Alange en abril 30, 2010

 

     

         Estas viñetas son de Alberto Montt colgadas en su blog Dosis Diarias. Nosotros las hemos conocido a través de facebook  por la Biblioteca Pública Concentaina CiberBiblioteca.

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Las mil y una noches

Posted by Biblioteca Alange en abril 29, 2010

 

 

 

Mil y un cuentos de la noche

Halil Bárcena

Al igual que otras grandes obras de la literatura universal, Las mil y una noches sobrevivió a años de olvido y de rechazo, hasta que le llegó la hora del reconocimiento, en Occidente, durante el siglo XVIII. De sus orígenes oscuros, de su contenido diverso -que incluye desde cuentos maravillosos hasta novelas esotéricas, amorosas o de caballería-, y de su difusión en Europa a partir de 1717 trata el siguiente artículo, que no persigue otro objetivo que el de despertar en el público el deseo de reencontrar esta obra magistral,
muy poco leída en nuestros días.

Tratamos aquí de Las mil y una noches, mirífico monumento literario, “única obra árabe”, en palabras de Emilio García Gómez, “incorporada de veras [tras no pocas vicisitudes, todo sea dicho] al acervo de la literatura universal” (1). De su azarosa vida en el decurso del tiempo, así como de los múltiples intríngulis que menudean en sus páginas, trataremos de hacer un esbozo en el corto espacio del que disponemos.

 

¿Por qué mil y una noches?
El título de la obra no indica, como pudiera pensarse, el número de cuentos que ésta contiene. Antes bien, hace referencia al intervalo de tiempo, mil una noches, en el que aquéllos son narrados. Es, en definitiva, un título simbólico, que persigue sugerir en el oyente o lector la idea de gran cantidad de noches. Se sabe que dicho título no fue sino el resultado de una evolución, coincidente, a su vez, con la progresiva adición de nuevos relatos al tronco primigenio. Primero fueron veinticinco noches, más tarde cien, después mil, bajo influencia persa, hasta llegar, en torno al siglo IX, a las mil y una noches árabes, tal como hoy las conocemos.

 

Esta última mutación podría haberse debido, según apuntan algunos arabistas, Juan Vernet entre ellos (2), a la repugnancia que los musulmanes experimentan ante las cifras redondas. Otros, sin embargo, creen ver en el modismo turco bin-bir (mil y uno), que se utiliza para designar gran número, el verdadero origen del título de Las mil y una noches. Sea como fuere, conviene retener, eso sí, que se trata de un título que se halla preñado de resonancias simbólicas, incubadas en el pozo milenario de unos pueblos a los que comercio y religión unió desde bien pronto.

 

La astucia de Shahrazad
La engañosa unidad del libro, internamente muy complejo, ya que amalgama diversas tradiciones populares provenientes de culturas distintas, se deriva de la presencia en él de una mujer excepcional, sagaz e inteligente, cuyo nombre es Shahrazad. Ésta, con la inestimable ayuda de su hermana Dunyazad, logrará, no sin empeñar en la empresa buenas dosis de astucia, distraer, primero, y convencer, después, al rey Shahriyar para que no la mate, costumbre en él tras yacer con sus amantes.
De esta forma tan expeditiva, el monarca evitaba que ninguna mujer pudiese engañarle con hombre alguno, como había osado hacer su esposa con un negro, en plena corte y ante la mirada del personal de palacio. A Shahriyarno no le seducía la idea de pasar de nuevo por un marido burlado, y eliminar a la mañana siguiente a todas y cada una de las mujeres vírgenes con las que copulaba durante sus noches le pareció, a fin de cuentas, el proceder más certero.

 

La treta de Shahrazad, para salvar su pellejo, consistirá en camelar al monarca, una vez éste haya paladeado el néctar del amor. La mujer le relata subyugantes historias cuyos protagonistas son amabilísimas odaliscas de incomparable belleza; magos capaces de formular los más intrincados sortilegios; caballos de ébano; jinns, ifrids, márids (3), y toda suerte de genios y espíritus, bondadosos unos y otros malvados a más no poder. El caso es que Shahrazad suspende el relato en su punto más álgido, cuando los primeros rayos de sol despuntan al alba. De esa manera tan cuca, preludio de lo que hoy es, sin duda, uno de los recursos narrativo-visuales más utilizados en los folletines televisivos, la mujer consigue el perdón del rey, quien le pide a ésta que regrese al lecho con él noche tras noche aguijoneado por la curiosidad de saber cuál será el desenlace final del relato aplazado.
Al cabo de mil y una noches rendido al arte amatorio y a la poética hechicera de Shahrazad, el rey declinará ejecutar a la mujer, cuyo vientre, mientras tanto, habrá alumbrado nada más y nada menos que tres criaturas. Dicha rendición del monarca supone el triunfo sin paliativos de la magia a través de la palabra. Afirma al respecto Pietro Citati: “En su origen, el narrar es un don femenino, la palabra que una mujer dirige a otra, mientras el hombre escucha. Shahrazad comienza sus relatos cuando la oscuridad anuncia lejano el día: ligado al eros, a los demonios, a los fantasmas y las lenguas secretas, el cuento brota en la noche, vive de la noche, pero vence a las tinieblas, y cada vez da nacimiento al día para quienes hablamos y estamos escuchando” (4).

 

El origen de las Noches
Es el siglo IV de la hégira islámica, el X de nuestra era, el que nos ofrece, si bien de soslayo, los primeros testimonios conocidos sobre Las mil y una noches. El librero bagdadí Ibn an-Nadim señala en su Kitâb al-Fihrist (Catálogo de Obras conocidas), escrito en el año 978: “Los primeros en componer novelas de aventuras, en reunirlas en forma de libros y en guardarlas en bibliotecas fueron los antiguos persas (…). El primer libro del género fue el Hezar afsané, que quiere decir Mil cuentos de aventuras” (5). An-Nadim dice más adelantre: “De otro lado, debo añadir que Muhammad al-Jahshiyarí [alto funcionario del califato de Bagdad], autor del Kitâb al-Wuzarâ’ [Libro de los Visires], había empezado a componer un libro reuniendo mil historias escogidas de entre todas las que árabes, persas, griegos y otros pueblos recitaban para amenizar sus veladas” (6).

 

Por su parte, al-Masûdí, famoso historiador, antólogo y polígrafo, también del siglo X, refiere en su obra Muruch ad-Dahab (Praderas de Oro): “Nos han llegado libros a partir de traducciones del persa, del sánscrito o del griego (…). Tal es el caso de la obra llamada Hezar afsané, que significa en árabe Alf jurafâ’ [Mil cuentos de aventuras], ya que afsané es el equivalente persa de jurafâ’. Este libro es conocido por el público con el título de Alf Layla wa Layla (Mil y una Noches), y narra la historia de un rey, de su hija y de la nodriza de ésta: Shirazad y Dinazad” (7).

 

Estos textos fundacionales de nuestro conocimiento sobre Las Mil y una Noches merecen ser mirados con lupa, ya que en ellos se abordan cuestiones esenciales, algunas incluso no esclarecidas del todo aún hoy en día, acerca de la organización del libro y del rango que éste ocupa en el conjunto de las letras árabes. Sin embargo, dicha tarea excede, por razones obvias, los límites de este artículo, por lo que baste de momento con mencionarlos y quede, pues, su análisis para mejor ocasión.

 

Cajón de sastre
 
Las Mil y una Noches constituye, según Julio Samsó, un “inmenso cajón de sastre en el que cabe de todo en materia de cuentos” (8). Esta obra reúne un caudal legendario indoiranio que se ha nutrido tanto de influencias judaicas como grecolatinas. Bajo forma persa, pasó a la cultura árabe en las medianías del siglo VIII de nuestra era, coincidiendo con el tránsito del califato omeya al abbasí y el trasvase de la capitalidad islámica de Damasco a Bagdad; si bien fue rechazada de plano por los propios literatos árabes -más adelante veremos por qué-, a resultas de lo cual malvivió durante siglos en el más lacerante apartamiento.

 

Nos hallamos, pues, ante un verdadero mosaico en el que se inserta toda suerte de relatos correspondientes a los distintos pueblos que en un momento u otro de la historia les dieron cobijo. Cabe pensar, no obstante, al comprobar la disparidad de temas y de géneros consagrados en sus páginas, que Las Mil y una Noches es, además de mosaico, crisol en el que se reflejan los usos y costumbres morales de dichos pueblos. A santo de qué si no, habríamos de hallar, junto a narraciones atacadas por la más pacata gazmoñería piadosa, historias cuya procacidad amorosa es capaz de desbordar los límites de cualquier moral, por muy poco restrictiva que ésta sea.

 

El abanico temático de la obra es vastísimo. Comprende cuentos maravillosos -“Los viajes de Sindbad el marino”, si bien éste fue en un principio un libro independiente de Las Mil y una Noches-; novelas de caballerías -“Historias de Achib, Garib y Sahim al-Layl”-; novelas didácticas -“Historia de la esclava Tawaddud”, que tan buena prédica tuviera en la literatura hispánica medieval, según constató Menéndez Pelayo (9)-; novelas esotéricas -“Historia de Hasib Karim al-Din”-; novelas amorosas -éstas ocupan una parte fundamental en el conjunto de la obra y entre ellas se pueden espurgar historias de relaciones heterosexuales, homosexuales, incluida su vertiente lesbiana, y hasta pasajes del más puro bestialismo-; novela picaresca -“Baybars y los dieciséis policías”-, y fábulas edificantes de toda índole. Las Noches contienen intercalados, a su vez, un total de 1.400 versos, 170 de ellos repetidos, obra de 350 autores, en lo que algunos especialistas han querido ver influencias indias.
Razones para un olvido
Pero el mayor enigma que envuelve a Las Mil y una Noches es el de su olvido y marginación. Habiéndose tratado de una obra ampliamente conocida en el siglo X por parte del público cultivado y de los trajinantes de libros de la época, pasará en un corto espacio de tiempo a engrosar el cuarto oscuro de la memoria literaria árabe, hasta su redescubrimiento en Occidente, ocho siglos después. Las prevenciones que ya en el siglo X circulaban por los cenáculos literarios de Bagdad o El Cairo contribuirán sobremanera a estigmatizar el libro. Son sus primeros anotadores, los ya antes citados Al-Masûdí e Ibn an-Nadim, los que más pronto y con más saña afilan su verbo contra Las Mil y una Noches. El primero tacha de inventados, falsos y fatuamente embellecidos los diferentes cuentos que engrosan la obra. El segundo, por su lado, afirma que se trata de un libro indigente y de expresión huera. Ambos consideran la escritura como un acto serio y no como un mero ejercicio de recreación imaginativa. Todo escritor que se precie de serlo, según el gusto que ellos mismos pretenden estandarizar, ha de cultivar un cierto estilismo literario. En tal sentido, Las Mil y una Noches, y otros libros de fábulas y cuentos similares, exhiben carencias imperdonables, entre ellas, una oralidad demasiado acentuada, como consecuencia de su carácter popular y de los conductos a través de los cuales fue transmitida.
La literatura del placer -tenida por menor, poco edificante y hasta peligrosa- y la seria entran en colisión el siglo X, a decir del arabista francés André Miquel (10). Efectivamente, el clima intelectual que caracteriza la décima centuria viene marcado por unas condiciones especiales. Se acaba de echar el cerrojo a la puerta del razonamiento personal (ijtihâd), y la única vereda plausible que resta por recorrer es la de la imitación (taqlîd) y la aceptación incondicional de las autoridades. No es de extrañar, pues, el refrendo que hallaron los asertos de Ibn an-Nadim y Al-Masûdí.

Las Mil y una Noches
hubo de pechar, al mismo tiempo, con el lastre de su extranjería, por mucho que hubiese pasado por el cedazo árabe al ser traducida a dicha lengua. Paralelo a ello le delataban sus raíces no musulmanas, circunstancia ésta que, cómo no, contribuyó aún más a su silenciamiento. Escandalizaba al respecto el hecho de que en sus páginas hiciesen acto de presencia animales con capacidad de hablar, cuando la palabra era considerada por la ortodoxia islámica como un don reservado en exclusiva al hombre por la gracia de Dios.

Grosso modo,
éstos son algunos de los factores que coadyuvaron al arrinconamiento del libro y a su inclusión en lo que hoy llamaríamos la serie B de las letras árabes. Gracias a la política conservacionista de Oriente, especialmente de Egipto y Siria, aun tratándose de obras secundarias, el tesoro de Las Mil y una Noches fue guradado para bien de toda la humanidad.

Y en eso llegó Galland
 
Las Mil y una Noches se convirtió en un objeto de culto para los escritores románticos occidentales, a partir de su difusión en Europa, merced a la traducción al francés -primera que se realizaba a una lengua europea, aunque parcial, eso sí- efectuada por el orientalista francés Antoine Galland (1646-1715), entre los años 1704 al 1717. Se sabe que Galland contó con la impagable colaboración de Hanna, maronita de Alepo, quien le facilitó, bien de forma oral, bien escrita, las historias de las Noches. Dicha versión cosechó un éxito sin parangón. Tal es así que se llevó a cabo una veintena de de reediciones a lo largo de todo el siglo XVIII. A partir de la traducción de Galland, Las Mil y una Noches se vierte en la misma centuria al inglés, holandés, alemán, italiano, danés, griego, ruso, flamenco y yiddish. En el siglo XIX se añadirán a tan florido palmarés el sueco, el portugués, el polaco, el islandés, el rumano, el el húngaro y, al fin, el español.
El libro de Galland supuso un hito capital en el procesod e guadianización de Las Mil y una Noches. Gracias a la tarea del abad francés el texto árabe emergía de su enterramiento secular. Ello no fue suficiente, a pesar de todo, para que el nombre de Galland fuese tenido en consideración. Según lamenta el investigador francés Georges May (11), su compatriota es hoy al más cerril ninguneo. Dos son las objeciones que la crítica le ha achacado a Galland. Por un lado, la escasa rigurosidad a la hora de traducir y, por otro, la arbitrariedad de su recopilación, a todas luces incompleta. Amabas críticas son pertinentes. En lo que hace a la primera de ellas, salta a la vista su mojigatería a la hora de almibarar los mno pocos episodios rendidos al sexo en la obra original. De ahí que la suya sea más bien una adaptación al gusto francés de la época de Luis XIV, que una traducción fiel al espíritu del texto primigenio. No menos cierto es que su Mille et une nuits. Contesa rabes traduits en français par Mr. Galland no representa para nada la monumentalidad de la obra. Sin embargo, ello no ha de ensombrecer la trascendencia de su libro, texto que en su época cumplió la función de vulgata.

El corpus de Las Mil y una
Noches quedó pergeñado en el siglo XVI en Egipto, si bien hay quien lo sitúa dos centurias más tarde. Seis son las ediciones en árabe que aparecen a lo largo del siglo XIX: la primera de Calcuta (1814-1818); la de Breslan (1826-1843); la de Bulaq; la segunda de Calcuta -muy similar a la de Bulaq-; la de los padres jesuitas de Beirut (1880-1890), y, por fin, la ZER, manuscrito egipcio que ha servido de base a tantas cuantas traducciones del árabe se han hecho al resto de lenguas del mundo. Cosa curiosa, la ZER no incluía cuentos tan populares a la postre como “Alí Babá y los cuarenta ladrones” o el de “Aladino”. Es a partir de entonces, espoleada por la admiración que Occidente le presta a las Noches, cuando la casta intelectual árabe comienza a tomar conciencia del incalculable tesoro que posee.


A lo largo del siglo XIX, las Noches conoció varias traducciones directamente del árabe al inglés. Las más famosas fueron las de Lane (1839-1841), Payne (1882-1884) y Richard F. Burton (1885-1888). Lo mismo ocurrió en Alemania, traducidas por Weil y Littman. En Dinamarca se tradujo en 1824. Por otro lado, la primera versión rusa efectuada teniendo como base la ZER data de 1929-1936 (Salyei y Kravkovskij) y de 1948 la italiana (Gabrieli).


Las Noches en España

La primera traducción completa del árabe existente en castellano de Las Mil y una Noches es la realizada por el insigne arabista catalán Juan Vernet, publicada en 1964 con un prólogo muy interesante (12). Está basada en la quinta edición, del año 1906, de la Imprenta Sarafiyya de El Cairo, y la de la edición (s.a.) de la Dar al-Kutub al-Arabiyya, coincidente con la ZER, En 1965, los también arabistas Juan A. G. Larraya y Leonor Martínez Martín publican una versión íntegra de las Noches, si bien basada en la edición de Bulaq (13). Con anterioridad, el lector español podía echar mano de la versión volcada del francés por el novelista Vicente Blasco Ibañez, publicada, sin año, en la editorial Prometeo. Ésta no era sino una imitación con ligeros retoques de la traducción francesa efectuada por el médico cairota Mardrus, lo cual no fue óbice para que gozara de una enorme difusión en los años previos a la contienda civil española, al igual que el resto del fondo editorial publicado por Prometeo. Menos proyección que la versión del escritor valenciano tuvo la traducción de rafael Cansinos Assens publicada en México en 1954-1955, de la cual Jorge Luis Borges alabó su gusto compositivo y su enjundia literaria, aunque tampoco ésta había tenido a la ZER como fuente referencial.
Capítulo aperte merece la suerte que algunos de los cuentos de las Noches corrieron en suelo español. Si es cierto, como hemos visto anteriormente, que el libro de Galland fue la primera traducción a una lengua occidental de una buen parte del conjunto de las Noches, no lo es menos que algunos escritores españoles del medievo y del renacimiento -Jacob ben Eleazar de Toledo, por ejemplo- conocían ya desde el siglo XIII, como dejara escrito Menéndez y Pelayo, la temática, en unos casos y el contenido completo, en otros, de no pocos cuentos de las Noches. Una vez más, la Península hacía las veces de engarce cultural entre Oriente y Occidente.

Las Noches, hoy
¿Quién de nosotros ha leído de cabo a rabo La Ilíada o La Odisea o Las Mil y una Noches? Y, sin embargo, ¿quién ignora los nombres de Aquiles, de Ulises o de Shahrazad? La suerte de las obras clásicas es bien curiosa. Permanecen en la memoria de todos, pero casi nadie las lee hoy en día, y los que se aventuran a hacerlo, como mucho, consumen fragmentos previamente seleccionados (el lector infantil, entre ellos, que had e digerir las versiones de versiones de versiones, la mayoría falseadas y edulcoradas, que los adaptadores de turno preparan especialmente para uso adolescente).
Las Noches es, en lo bueno y en lo malo, la imagen que nosotros guardamos del Oriente islámico, el tópico que se alimenta, sabe Dios desde cuándo, a base de exotismo, lujo, fantasías, sexo y ensueño. Hoy es el sambenito que los reseñadores de libros cualgan a todo autor para ellos exótico, el cliché que la literatura étnica, esto es, no occidental, pasea. Así, Las Mil y unas Noches sirve por igual para referirse a escritores tan dispares entre sí como el egipcio Naguib Mahfûz, el marroquí Tahar Ben Jelloun, el indio Amitav Gosh o el sirio Rafiq Schami.

Aviso para navegantes

 

Los lectores que movidos, quizás, por la lectura de estas líneas, deseen emprender la aventura de sumergirse en todas y cada una de las mil y una noches de amor y cuentos de Shahrazad y Shahriyar, han de saber que hacia el siglo XVIII una superstición popular advierte que aquel o aquella que quiera leer todo el libro de las Noches fallecerá antes de concluir la lectura. El autor de este artículo aprovechó una reciente estancia en la Universidad Mohammed V de Rabat para atacar por fin todas las Noches. Llegado a la número mil suspendió de golpe la lectura del libro, a instancias de un joven hispanista marroquí que ya temía lo peor.
 
(1) Del prólogo a su traducción del Diario de un fiscal rural, de Tawfiq al-Hakim, Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1987
(2) De la introducción a su traducción a Las Mil y una Noches, Barcelona: Planeta, 1990 (2 vols.)
(3) Especie de genios o seres sobrenaturales no necesariamente de carácter maligno
(4) De la introducción a Altre storie dalle “Mille e una notte”, de René Khawam, Roma: Rizzoli, 1992
(5) Citado por André Miquel en Mille et un contes de la nuit, París: Gallimard, 1991, p. 12
(6) Ibídem, p. 13
(7) Ibídem, p. 14
(8) Del prólogo a su introducción de la Antología de Las Mil y una Noches, Madrid: Alianza Editorial, 1986
(9) “La doncella Teodor” en Homenaje a Don Francisco Codera, Madrid, 1904
(10) André Miquel et altri, Mille et un contes de la nuit, París: Gallimard, 1991
(11) G. May, Les mille et une nuits d’AAntoine Galland, París: PUF, 1986
(12) Las Mil y una Noches, Barcelona: Planeta, 1964
(13) Las Mil y una Noches, Barcelona: Vergara, 1965
  

FUENTE:http://instituto-sufi.blogspot.com/2009/12/mil-y-un-cuentos-de-la-noche.html

  Dado el interés y las numerosas referencias a “Las mil y una noches” que Fátima Mernissi hace en sus múltiples libros, hemos incluído en nuestro blog este estudio para que podáis conocer mejor la procedencia y los avatares que ha sufrido esta obra a lo largo del tiempo.

Artículo publicado en CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil), nº 56, diciembre 1993, pp. 7-16

Notas:

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Poemas escogidos al azar

Posted by lecturaalange en abril 29, 2010

 

¡Oh, cuál te adoro!
 Carolina Coronado

 

  ¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.

Badajoz, 1845

 

¿Qué os parece este de Carolina Coronado?

 

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Marcapáginas para el encuentro con autor: Mariano Vara,”El amigo que vino del mar”

Posted by juanjobgoya en abril 29, 2010

 

 

Como sabéis, el próximo 18 de mayo a las 12.30 h., tendremos la visita del autor infantil Mariano Vara, que nos presentará su libro “El amigo que vino del mar”, con motivo de ENCUENTROS CON AUTOR, organizado por el Área de Cultura de la Excma. Diputación de Badajoz y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

  Por este motivo, desde la Biblioteca estamos realizando varias actividades. Como por ejemplo, marcapáginas, como los que os enseñamos a continuación.

También estamos preparando el árbol del autor, así como un mural dedicado a los espacios naturales de Extremadura.

 

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Poemas escogidos al azar

Posted by Biblioteca Alange en abril 28, 2010

 

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

Sor Juana Inés de la Cruz
(1651-1695)

 

¿Candidato a nuestro próximo recital? ¿Qué pensáis?

 

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Amadeo Modigliani

Posted by Biblioteca Alange en abril 28, 2010

 

 

 

 

Apunte Biográfico
Italia. (1884-1920)Nació en Livorno, en el seno de una familia judía, el 12 de julio de 1884, su salud fue frágil, a los once años contrajo pleuritis y tres años después un tifus, con complicaciones pulmonares que nunca le abandonarían, la muerte ya se había anunciado y con ella la vocación del muchacho: se consagrará al dibujo y renunciará a cualquier otro tipo de formación.

Estudió arte en Florencia y París donde entabló contacto con los artistas de vanguardia siendo influido por ellos. Destacó por la elegancia y simplicidad de sus retratos y desnudos femeninos. Las primeras obras de Modigliani son esculturas inspiradas en las máscaras africanas, aunque realizó también algún que otro cuadro.

Las pinturas de Modigliani, suaves y delicadas, se caracterizan por su simplificación, sus líneas sinuosas, las formas planas y las proporciones alargadas. La mayor parte de su obra la integran retratos y estudios de la figura humana, siendo característicos de estos los rostros ovalados que tan popular le hicieron.

Falleció el sábado 24 de enero de 1920, a las 8,45 de la noche, en el hospital de la Caridad de París, tenía treinta y seis años. Siete horas después, su musa y compañera, Jeanne Hébuterne, con un hijo del pintor en sus entrañas, se arrojó desde un quinto piso de la casa paterna. Atrás quedaba, única superviviente del naufragio, una niña de catorce meses, Jeanne, hija de ambos, que falleció a los sesenta y seis años, en julio de 1984, celebrando puntualmente con su propia muerte el centenario del nacimiento del artista. Consagró su vida a la recuperación de la obra y de la verdad del padre deformado por el romaticismo de siempre.

FUENTE : http://pintura.aut.org/SearchAutor?Autnum=11.100

      De nuevo os dejamos otro de nuestros pintores  favoritos para que podáis saber algo más de su vida y obra.

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“Momo” de Michael Ende

Posted by Biblioteca Alange en abril 28, 2010

“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esa cosa es el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
Y nadie lo sabía tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de vida, incluso, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas apreciaban la sangre, y así actuaban.”

“Momo” de Michael Ende. Editorial: Alfaguara, 1984.

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“MÁS ALLÁ DEL TIEMPO”, éxito en el papel y el cine.

Posted by juanjobgoya en abril 28, 2010

 

                                   Cartel de Más allá del tiempo                                              

La película “Más allá del tiempo” está basada en el éxito editorial de ventas  “La mujer del viajero en el tiempo“, de Audrey Niffenegger, acerca de un amor que supera el paso del tiempo.

Se ha estrenado este viernes día 24 de abril en toda España.Clare (Rachel McAdams) ha estado enamorada de Henry (Eric Bana) toda su vida. Ella cree que están destinados a estar juntos, a pesar de que no sabe cuándo tendrán que volver a separarse: Henry es un viajero en el tiempo, castigado con una rara anomalía genética que le hace vivir su vida en una escala de tiempo cambiante, saltando y retrocediendo a través de los años sin ningún control. A pesar de que los viajes de Henry los obligan a separarse sin ninguna advertencia, y sin saber cuándo volverán a reunirse, Clare intenta desesperadamente construirse una vida con su verdadero y único amor. 

“La mujer del viajero en el tiempo (título original en inglés The Time Traveler’s Wife)”es la primera novela escrita por la estadounidense Audrey Niffenegger y publicada en 2003. Se trata de una historia de amor centrada en un hombre con un desorden genético que le provoca viajar en el tiempo impredeciblemente, y en su esposa, una artista que debe lidiar con sus frecuentes ausencias y experiencias peligrosas. La autora considera la historia como una metáfora sobre sus relaciones fallidas. La novela, que ha sido considerada tanto de ciencia ficción como romántica, trata temas como el amor, la pérdida y el libre albedrío. En particular, utiliza el viaje en el tiempo para explorar la falta de comunicación y la distancia en las relaciones humanas, además de profundizar en algunas preguntas existenciales.

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El baúl de sueños

Posted by Pedro Ferreira en abril 24, 2010

Bruma se ha aclimatado a vivir entre cables y entre libros. Hay poco más en esta hacienda. Se hace pues gato cibernético y lector, amante de amantes platónicas y admirador de poetas muertos y vivos. Tanto que a veces me sorprende. Cuando regreso del trabajo diario puedo encontrarlo en los lugares más peregrinos. Puede estar presidiendo como rey la torre del ordenador o enredando entre las páginas de Caminos de Luz y no me sorprendería en absoluto que uno de estos días me corrija mis pequeños escritos.

También gusta de jugar al escondite, especialmente cuando me oye llegar. Mientras giro la llave en la cerradura ya me empiezo a preguntar dónde se habrá escondido. Miro y no lo veo. Lo llamo pero no sale. Creo que le gusta hacerse de rogar, pidiendo atención o examinando la mía, muy lejos de aquel Futuro entregado que me seguía por doquier. Bruma es menos emotivo, más intelectual y en el fondo un poco filósofo y poeta.

Hay en mi casa, arrinconado en un closet, un pequeño baúl. Era una especie de colección de recuerdos. Contiene desde el mechón de cabello de una relación ocasional hasta la carta no enviada nunca a la primera novia tras el ocaso. También conserva algún poema de juventud y muchos versos no escritos. A veces metía ahí entes inmateriales. Lo abría, lo miraba y depositaba con todo amor y cuidado aquel lirio de los jardines de Murillo recortado en la tarde, tal grabado, antiguo como el Quijote y mis anhelos, o ese balcón en flor de la calle Feria en bullicio de Jueves, los dientes del lagarto que mi padre decía haber metido en una bolsa y colgado de mi cuello para que no dolieran los míos mientras nacían, o aquella mirada furtiva a la chica del pelo lacio de la clase de latín. Y mil otras quimeras con frecuencia nacidas de mi mente. Contiene tantos recuerdos que a veces hurgar en él consume el Tiempo. Quizás por ello ya hace mucho que no lo abro. Ni para hurgar ni para meter nada nuevo.

Hasta la semana pasada. Aturdido por algún golpe de infortunio y como fantasma que se arrastra por el piso deambulaba yo por el bosque de la nostalgia y por la bruma de los recuerdos. Fue un acto sin motivo, accidental. Como un tropiezo y en la caída se abriera y se desparramara por la memoria un arroyo infinito. Bruma estaba a mi lado en ese momento. Mirando, curioso, estudiando mis reacciones, como un psicoanalista cuando coge el bisturí para conciencias. A veces me inquieta como me mira. Parece querer meterse dentro de mí y habitar ahí dentro en un rincón mullido del alma. Algo que antes en mi vida sólo sentí con aquellos ojos ya ausentes.

Hoy, como de costumbre, Bruma no estaba a la vista cuando he llegado. Ni en el armario de la ropa ni bajo la cama. Tampoco bajo el sofá ni en el único rincón de la pequeña terraza donde algunas horas al día el sol de primavera se digna calentar el aire. Ni en el baño ni entre la montaña de libros que se apilan en la esquina del salón. Pareciera haber salido a buscar aventuras o haberse ido volando como alondra virtual allende los mares. Era raro, pues hasta el presente nunca ha pretendido salir de la casa que acoge nuestras horas.

Pero no, Bruma estaba en casa. O casi en casa. No recordaba ya el asunto del baúl de recuerdos de días antes. Entré en la habitación y me tiré en el lecho. Había sido una larga jornada de trabajo y el cansancio se alojaba en mis torcidas vértebras haciéndome sentir casi una columna de Bernini, espejo tantas veces del alma. Fue un suspiro impalpable o un temblor ligero. Un menudo roce o un tenue rumor. Pero venía de la cajita olvidada, que yacía allí en el suelo. La abrí con curiosidad y allí estaba Bruma y con él Futuro, Sinuhé y Antonio, Niebla y Luna, mascotas de otra época, con las que jugaba a romper la linealidad del tiempo. Desde hoy hay un nuevo rincón para Bruma y también para encontrarlo: el viejo baúl de los sueños.

Aguadulce, abril de 2010


Otras entregas de la serie: Bruma

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PROGRAMA ESPECIAL DE RADIO DÍA DEL LIBRO

Posted by juanjobgoya en abril 23, 2010

PROGRAMA ESPECIAL DE RADIO

CLUB DE LECTURA DE ALANGE

 

 

 

   CON MOTIVO DEL DÍA DEL LIBRO, 23 DE ABRIL, REALIZAREMOS ,A TRAVÉS DEL CLUB DE LECTURA DE ALANGE, UN PROGRAMA DE RADIO ESPECIAL.

ESTE PROGRAMA  CONSISTIRÁ EN LA  LECTURA CONTINUADA DE POEMAS Y RELATOS CORTOS.

PARA ELLO, CONTAREMOS CON LA INESTIMABLE COLABORACIÓN DE LOS MIEMBROS DEL CLUB DE LECTURA.

INVITAMOS A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE QUIERAN LEER A QUE SE PASEN TAMBIÉN POR NUESTRA EMISORA MUNICIPAL DE ALANGE.

 

             DÍA:        24 DE ABRIL, SÁBADO.

         HORA:       A PARTIR DE LAS 10:00 HORAS.

       LUGAR:       EMISORA MUNICIPAL DE ALANGE.

ORGANIZA:       CLUB DE LECTURA DE ALANGE  (BIBLIOTECA MUNICIPAL DE ALANGE)

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