Blog de la Biblioteca Municipal de Alange

Espacio dedicado a difundir la actividad de la biblioteca y foro de discusión sobre la cultura en general.

José Emilio Pacheco

Posted by Biblioteca Alange en diciembre 1, 2009

“Estoy zorimbo, turulato o patidifuso. Esa me parece una palabra muy precisa: ¿Cómo se siente?: Patidifuso”.

  Estas fueron las palabras formuladas por José Emilio Pacheco al recibir la noticia de que el Premio Cervantes 2009 había recaído en él.

Poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano nacido en Ciudad de México el 30 de junio de 1939. Especializado en literatura mexicana del siglo XIX, ha ejercido como profesor en diversos centros de México, Estados Unidos, Reino Unido y Canada entre los cuales están la UNAM, la Universidad de Maryland o la Universidad de Essex. También fue director de la Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM.

Pacheco es uno de los poetas más importantes de la generación de los años cincuenta mexicana en la que también se encuadran Monsiváis, Lizalde, Pitol, Melo, Ponce y Elizondo, entre otros. Su obra ha sido merecedora de prestigiosos premios tales como el XVIII Reina Sofía de Poesía, el Octavio Paz, el Pablo Neruda o el García Lorca, así como el Premio Nacional de Lingüística y Literatura, Premio Nacional de Poesía, Premio Nacional de Periodismo Literario y el Primer Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.

Pertenece también al Centro de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y en 1986, con la lectura de su ensayo A ciento cincuenta años de la Academia de Letrán, certificó su entrada en el Colegio Nacional, institución creada en 1943 que agrupa a los científicos, artistas y literatos mexicanos más destacados.

 Os dejamos para que conozcáis algo de su obra  un poema suyo titulado “Las flores del mal”.
        

    LAS FLORES DEL MAL

A la memoria de Jaime García Terrés
 
    

Danza sobre las olas, vuelo flotante,
ductilidad, perfección, acorde absoluto
con el ritmo de las mareas,
la insondable música
que nace allá en el fondo y es retenida
en el santuario de las caracolas.

La medusa no oculta nada,
más bien despliega
su dicha de estar viva por un instante.
Parece la disponible, la acogedora
que sólo busca la fecundación,
no el placer ni el famoso amor,
para sentir: ­Ya cumplí,
ya ha pasado todo.
Puedo morir tranquila en la arena
donde me arrojarán las olas que no perdonan.

Medusa, flor del mar. La comparan
con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.
Medusa blanca como la X’Tabay de los mayas
y la Desconocida que sale al paso y acecha
desde el Eclesiastés al pobre deseo.

Flores del mar y el mal las Medusas.
Cuando eres niño te advierten:
Limítate a contemplarlas.
Si las tocas, las espectrales
te dejarán su quemadura,
la marca a fuego, el estigma
de quien codicia lo prohibido.

Quizá dijiste en silencio:
­Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.

Nunca lo harás: las medusas
no son de nadie celestial o terrestre.
Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

Son peces de la nada, plantas del viento,
quizá espejismos,
gasas de espuma ponzoñosa

En Veracruz las llaman aguas malas.

 

Fuente: www.lecturalia.com

 

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